Bernardita Rakos

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De bolero y minimalismo

José Antonio Parra

Verbalizar la obra de Bernardita Rakos pasa necesariamente por un viaje intimista a través del desgarro, de la constelación de las pasiones rotas en el contexto del trópico. Sus últimas aproximaciones a la plástica se dan desde una imaginería del fenómeno bolero, pero visto con la frialdad inherente a la dimensión conceptual o idealista.

Esta artista tuvo recientemente participación en la Bienal del Cairo, así como en Intramoenia Extract –cuyo montaje tuvo lugar en un castillo italiano habilitado especialmente para la muestra y que recibió alrededor de 10000 mil visitantes—. Así mismo, en el año 2009 representó a Venezuela en la Bienal de Venecia. Rakos parte de una profunda investigación que viste objetos de lo cotidiano de un feminismo preciosista sumamente atractivo. Ella apela al rojo que es recreado con un carácter muy luminoso y absolutamente nuevo que alude –en una suerte de extrapolación– al sangramiento del bolero y del despecho implícito en ello.

Bernardita hace uso de una poderosa trama de la seducción. En su caso, el detalle de lo doméstico irrumpe excelso y bajo la óptica de un minimalismo que recrea a las emociones más oscuras y profundas.

Hasta tiempos recientes esta creadora se valió de las intervenciones y de la instalación; sin embargo, su propuesta se está inaugurando en el formato del video arte, cuya aproximación también asume un carácter limpio y de hermosos acabados. Esa singular reflexión también apela al cuerpo y a los discursos propios de éste, así como a la multiplicidad de formas de la comunicación humana. Aparecen así planos detalles de manos que trasmiten mensajes en el alfabeto dactilológico para sordomudos. Este discurso está contextualizado bajo la mirada de lo pasional; en tonos rojos muy diáfanos que aluden a la herida del corazón e incluso a la muerte.

Más allá del carácter reflexivo propio de cualquier experiencia estética, en Rakos hay una aguda contemplación del mundo y de los aspectos del mismo que se han convertido en focos de su interés. Ella misma comenta al respecto que estos “paisajes Domésticos” pueden hacernos reflexionar sobre nuestro entorno, nuestros objetos, y quizá por último en todo lo que estos espacios pueden significar para nosotros y nuestra vida.

Su abordaje del bolero y de sus significados inherentes parte desde la mirada femenina; un nuevo feminismo que dialoga con la mujer y su cuerpo imaginario, un cuerpo que se nutre de color, de cotidiano y de palabra hecha canción. Es sumamente curioso –y así lo ha planteado ella– que su aproximación al objeto estético se dé desde la reflexión más que desde la violencia del neoexpresionismo, que parecería ser el territorio propio del drama emocional del bolero.

Bernardita Rakos es quizá una de las pocas artistas contemporáneas venezolanas que ha asumido el rol de la vanguardia no desde el lenguaje de lo que irrumpe, sino desde la forma que seduce, desde un preciosismo que invita a la contemplación y que inaugura un discurso de lo bello por lo bello.

 

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